Staff Hope Funds Contacto & Suscripción
Polo & Polistas
NOTA DE TAPA TABLAS ADENTRO DIRECTO A LOS MIMBRES FUERA DE CANCHA PORTADAS ANTERIORES
DON DAVID Tu Alter Ego - Bodega El Esteco de Cafayate
ENTREVISTA A JUAN MARTIN NERO
Modestia aparte
» English version
De bajo perfil y poco afecto a recibir elogios fáciles, Juan Martín Nero abandonó una estructura ganadora de la Triple Corona para trasladar sus ambiciones a una nueva versión de La Dolfina. El back del campeón no sólo mantuvo su nivel sino que fue la figura de una verdadera selección comandada por Adolfo Cambiaso.
Parado con su gorra casi cubriéndole el rostro, hablando con un tono bajo y calmo, ni siquiera sus risas ocasionales levantan el nivel de su voz. El hombre es la serenidad personificada. Hace tan solo unas horas conquistó su tercer título en ocho participaciones en el Argentino Abierto. Venía de ganar el año pasado todo lo que jugó con Ellerstina. Las críticas por estos días lo consideran el mejor jugador de la última final. No importa.

Imperturbable, Juan Martín Nero acepta que le roben unos minutos antes de sumarse al asado de celebración de La Dolfina. Se sienta con la vista puesta en el horizonte para ver morir la tarde y se deja convidar con la propuesta de revivir un triunfo que, conjuntamente con Pablo Mac Donough, tiene un sabor exclusivo para ellos dos: el del bicampeonato.

-Con la euforia ya consumada, ¿vas asimilando la magnitud de ser bicampeón de Palermo?
Sí, ya pasó la euforia y uno empieza a caer en lo que ha logrado. Y encima cómo se dio, con el equipo nuevo y ganando de la manera en la cual se ganó. Creo que estas cosas se asimilan con el tiempo. Me imagino el día que deje de jugar el Abierto y mire para atrás y vea que fui bicampeón y de la forma en la que se ganó. Obviamente que ahora caigo y estoy feliz, pero creo que más adelante va a ser mayor la consideración del logro.

-La alegría es grupal, pero Pablo y vos vivieron un certamen especial.
Sí, obvio. Es de los cuatro, pero con Pablo (Mac Donough) veníamos de ganar la Triple Corona con Ellerstina y pasar a jugarles en contra, y encima las tres finales en contra, hace que toda la temporada haya sido especial. Pero no es nada más que eso. Tampoco es tan raro jugarles en contra porque te acostumbras cuando jugás afuera. Es polo. Ya había jugado tres años antes con Chapaleufú y los había enfrentado. Obviamente que salgan partidos buenos y ganarles provoca una alegría enorme. No lo podés creer. Esta vez nos tocó a nosotros.

-¿En la previa cómo pensaban al partido teniendo en cuenta los antecedentes de dos finales en donde habían sacado 7 goles de diferencia y terminaron perdiendo una y ganando por un solo tanto la otra?
Sí, nos pasó dos veces. Con la diferencia de que en Hurlingham se ganó por más de que se haya ganado por uno. Ya había cambiado bastante con respecto a la primera final. Miré los videos para ver qué nos había pasado y la verdad es que tampoco eran tantos errores. Ellos estuvieron muy bien y nos pasaron por arriba. Por eso pensabas ‘que no nos pase de vuelta’. Sabíamos que era la final de Palermo, sabíamos qué era a lo habíamos apuntado, que repetíamos las yeguas buenas que llegaban muy bien a la final y confiábamos en que si lográbamos nuevamente esa diferencia no nos iba a pasar lo mismo. Sentía que íbamos a estar mucho más concentrados durante los ocho chukkers y que íbamos a estar mejor con los caballos.
 
 
-¿Quizás el hecho de que la gran diferencia esta vez llegó mucho más cerca del final fue lo que les permitió tener control absoluto del desarrollo?
Sí, cuando lo logramos estaba más avanzado en el partido. Terminamos el sexto ganando por cuatro y en el séptimo ya nos fuimos a ocho. Yo ahí me sentía cómodo y sentía que no se nos podía escapar. Estábamos bien. Los caballos estaban rindiendo bien y nunca se me pasó por la cabeza lo de las otras dos finales. Sabía que no se nos iba.

-¿Creés que producto de la solidez de la cual me hablás, Ellerstina llegó a cometer errores de taqueo no habituales en ellos? ¿Los viste más tensionados que en otros partidos?
Sí, la diferencia fue que en los otros partidos, en el momento puntual en el cual decís ‘pato o gallareta: o nos ganan por 10 o lo damos vuelta’, en las otras dos veces le pegaron con el medio del cigarro y esta vez se empezaron a poner nerviosos, lo cual es normal. A nosotros nos agarró sólidos, con confianza, bien con los caballos y no tenían por donde pasar. Necesitaban una súper jugada o tirar de muy lejos. Sentía que no nos podían dar vuelta el partido.

-¿Por qué fue tan categórica la supremacía de la caballada de los cuatro con respecto a todos los rivales que tuvieron durante el certamen?
Creo que lo que planteamos antes de la temporada nos salió perfecto. Pensamos en guardar todo los caballos buenos para Palermo. Se guardaron para jugar Hurlingham y Palermo y recién se repitieron en la semifinal. Estaban frescos, con ganas y llegaron en un nivel buenísimo.

-Vos en lo personal has tenido un crecimiento muy marcado en tu lote en los últimos años. ¿Cómo estás desarrollando tu organización?
La realidad es que todo es a base de esfuerzo porque no estoy montando como Ellerstina o Adolfito, que vienen de la cría. Lo mío es comprar. He hecho un arreglo con Marcos (Heguy) que me terminó saliendo muy bien. Las yeguas me rindieron muy bien e hicieron la diferencia. Yo tenía las mías y le sumé las tres de Marcos: Anay Sur Pixie, Chapa Flora y Anay Sur, que terminó siendo premiada.

-¿Un premio en el más alto nivel habla bien también de tu ojo clínico?
Tengo una muy buena relación con Marcos y decidí invertir en eso porque sabía que me iba a dar frutos. Lograr un premio con una de las yeguas y que además te nombren como el jugador mejor montado de la final para mí es una satisfacción enorme.

-Sos una persona que se pone incómodo cuando lo elogian mucho. Debés haber estado incómodo como nunca entonces después de que el propio Cambiaso te eligiese como la figura de un equipo campeón de Palermo.
Uno se pone incómodo con todo lo que escucha (sonríe). Tampoco te voy a decir que no me gusta. Obvio que es lindo. El hecho de poder acarrear lo que venía haciendo en un equipo a otra estructura también es gracias a los compañeros. Lo venía haciendo con Pablo. Cuando llegamos a La Dolfina, Adolfito tranquilamente podría haber dicho ‘acá se juega de esta manera’ y fue al revés. El vio que la mejor forma de jugar para el equipo era ser bastante clásico y aprovechar a los cuatro jugadores. Y justo en la final se me dio un poquito mejor a mí, pero en la semifinal Pablito la rompió y Pelón en la final fue impresionante como jugó. Eso es lo bueno del equipo: un día aparece uno, otro día aparece otro. Es bueno que no sea uno la figura, que no sea Adolfito el que mete 20 goles y nosotros nada.

-¿Es ese quizás el análisis de la temporada 2011? ¿La Dolfina ya no dependía del trencito y Ellerstina depositaba la mayoría de sus opciones sobre Facundo?
Las dos veces que nos pelearon el partido fue porque Facundo tuvo una tarde impresionante. En Hurlingham metió los 11 penales que tiró y desde donde estaba le pegaba y la metía. La única forma por la que se nos arrimaron fue haciendo el trencito. De otra manera no podían. Tuvieron que empezar a hacer trencito y depender de Facundo.

-¿Molesta un poco menos el apodo de Dream Team con el título en la vitrina?
Sí, ya causa más gracia. No hay que tomarlo mal. Por algo lo dirán. Está lejos de gustarme el apodo, pero habla de que tenés un equipo bueno. Y esa es la realidad: es un equipo bueno.

-Es que se pueden agregar a algunos nombres más, pero lo cierto que están muy cerca de ser lo mejor en cada puesto.
Es verdad. Y lo bueno es que no tuvimos que salir a inventar una posición. Desde el día que se cerró el equipo, cada uno sabía quién era el 1, el 2, el 3 y el 4. No había dudas. Por eso creo que anduvimos tan bien. Eso lleva a no tener que realizar muchas prácticas. Debemos haber hecho seis. Al principio, antes de arrancar el primer partido, habremos jugado tres. Como cada uno tiene su puesto, cada uno sabía lo que tenía que hacer. Lo que te da funcionamiento es el partido, no la práctica.

-Subieron la vara para 2012. ¿Ahora les van a pedir que todo sea ganado con un polo vistoso y por una buena diferencia?
Eso pasa. Hay que tomarlo tranquilo. No hay que volverse loco. Van a querer que ganes por muchos goles jugando bien y en equipo. Ahora hay que disfrutar de este título, de esta temporada. Somos los campeones: hay que relajarse. Obviamente hay que organizarse y diagramar la temporada que viene, pero hay tiempo para eso.

-Pero con un campeonato ya en el curriculum se juega más tranquilo, sin mochilas pesadas.
Ni hablar. No hay que demostrar nada a nadie. El título ya esta en casa.
 
Convicciones concretas y pies sobre la tierra. En cada frase, en cada gesto, en cada tono Juan Martín Nero deja bien en claro que los éxitos no lo mueven ni un centímetro de su punto de referencia. Ya sea vistiendo los colores de Ellerstina o de La Dolfina, sus anhelos son los mismos: sumar su enorme capacidad individual en pos del bien colectivo (y que las luces del escenario no lo apunten demasiado).
 
 
© Copyricght 2009 - Polo & Polistas. Todos los derechos reservados